
¿Realmente somos así? En muchos países ser parte de esta generación que -ha crecido de la mano de la tecnología- tiene sus ventajas, se podría decir que incluso, “privilegios”. Quienes viven en países del primer mundo o en vías de desarrollo, como Dinamarca o España, solo conocen la palabra guerra (refiriéndonos a guerra mundial), por la historia que han contado los libros de texto y documentales de History Channel, mientras que al otro lado del charco, en países menos desarrollados, es el pan de cada día.
Ser millennial no es fácil porque en nuestro tiempo no hemos vividos experiencias extremas como Guerras Mundiales, dictaduras militares, genocidios ni supremacías de razas extremistas como los nazis; nuestras guerras están ligadas a la naturaleza, que cada vez y cuando, nos hace ver que el tiempo se nos agota para mantener el medio ambiente a flote para nuestra generación y las que siguen. Una carrera contrarreloj, contra la misma madre tierra que cada día protesta por su maltrato.
Sin guerra que recordar, ni un momento de tensión más allá del famosos 30-S de los ecuatorianos, en su mayoría, los jóvenes del Ecuador, no creemos que la austeridad sea necesaria; más bien apostamos por el consumismo de la misma manera que criticamos al gobierno por su ineficiencia y corrupción. Una tendencia sociocultural que nos deja ser quienes queramos ser, como un anuncio de Barbie.

Mirar a un millennial siendo parte de otra generación también puede desarrollar bajones; por ejemplo, ser parte del grupo que constantemente son despedidos de sus puestos de trabajo por su falta de constancia. En nuestra defensa, algunos han recurrido a tácticas como ‘no me veo a futuro en este puesto, yo aspiro a algo más’, ese ‘más’ que no es otra cosa que la autorrealización que va por encima de los estándares que tiene una corporación y que en muchos casos condena tanto al empleador como al empleado. Misma que fue legado a nosotros por nuestros padres.
Y son todas estas etiquetas y contextos los que me hacen cuestionar el siguiente punto ¿somos capaces de seguir el legado de nuestros padres?, ¿estamos interesados en trabajo, familia y trabajo, en ese orden?
Jefes y trabajadores que no entienden como una aplicación es más efectiva que vender de puerta a puerta, deben aprender cómo se mueve el nuevo grupo laboral, que está a un paso de llegar a ocupar la totalidad de los empleos y unos nuevos becarios y empleados jóvenes que miran al mundo con ojos optimistas al cambio: ¿Su relación laboral rinde frutos?
No es extraño pensar, y sobretodo siendo una persona primeriza en buscar empleo, que por nuestras diferencias generacionales puedan existir ciertas incompatibilidades, sin embargo; y a lo largo de mi precaria experiencia, puedo decir que esos pensamientos no son más que impedimentos para revelar al mundo de lo que uno es capaz.
Somos optimistas y atrevidos, porque sabemos que el mundo puede cambiar, como una vieja aventura infantil; somos caóticos para buscar nuestro lugar de trabajo, porque tenemos altas expectativas que son llenadas por nuestro curriculum académico; somos la generación que no va a tener miedo a levantar el ecosistema natural porque sabemos y conocemos lo suficientemente bien lo que eso puede causar a futuro.
¿Quién dijo que vivir era fácil?